Tu refugio de descanso
Cuando pienso en diseñar un dormitorio, lo primero que tengo en cuenta es su función, el descanso, pero luego, las sensaciones. Me encanta verlo como un refugio que te abraza. Cuando lo imagino, no solo me quedo con lo evidente, el verdadero valor está en el mimo de los detalles, el aroma, cómo los materiales interactúan entre sí, despertar esas emociones que nos hacen sentir tan bien. Adoro los dormitorios rústicos y acogedores, son espacios llenos de calma, carácter y un sutil magnetismo.
Para trasladar eso a tu hogar y hacer un dormitorio acogedor, bien sea de casa de campo, chalet o piso en la ciudad, me encanta jugar con el contraste entre la fuerza y la delicadeza. Equilibrar la contundencia de unos cabeceros a medida en maderas nobles con pequeños detalles delicados como un estampado floral. Me fascina integrar pequeños detalles en latón envejecido o bronce cepillado en los apliques de lectura y los tiradores de los armarios, son piezas que captan la luz de manera mágica, aportando un brillo sofisticado y atemporal que eleva el espacio sin romper su serenidad.
Pero el verdadero corazón de un dormitorio acogedor, para mi, reside en su propuesta textil y lumínica. Huimos de las luces frías de techo para diseñar puntos de luz cálidos en zonas estratégicas. Para zonas con mayor necesidad de iluminación podemos añadir luz más técnica para un uso puntual. Y sobre la cama, la superposición de capas de lino, lana o algodón de tejidos ricos, en tonos suaves o empolvados, invita a la calma inmediata. Mi intención consiste en eso: crear un refugio urbano con la calidez de lo rural, donde cada textura y cada destello de luz estén pensados, sencillamente, para enamorarte de tu hogar cada día.